Artículo: ‘Técnicas de creatividad aplicadas al diseño de dinámicas formativas’

Ante una sociedad en cambio constante, la formación continua es imprescindible para adecuarse a esos cambios. Ahora bien, la formación de grupos requiere de mucho más que conocimientos técnicos o científicos.

Un ponente puede ser un gran experto en una materia pero carecer de los recursos didácticos para trasladar su conocimiento y hacer que los participantes aprendan y queden realmente motivados.

A su vez, las empresas desean formar a sus equipos en el menor tiempo posible para que la productividad en el puesto de trabajo no se vea afectada. Esto hace que el formador deba diseñar muy bien, tanto las estructuras de presentación de la materia a impartir, como los ejercicios y dinámicas de grupo que se aplicarán en el aula. A su vez, las emociones positivas vivenciadas durante la formación ayudan a que el conocimiento se transmita de forma más duradera. Es precisamente la parte del sistema límbico del cerebro la que activa la memoria a largo plazo procesando las emociones y los recuerdos.

La cuestión clave a la hora de diseñar e impartir un taller formativo no es  sólo saber a “quien va dirigido”, sobre “qué trata” y el “para qué”; es imprescindible saber el número de participantes para concretar si será un grupo “intelectual” o “un grupo afectivo”. Este diagnóstico se explica en profundidad en el curso de “Dinámicas de Grupo para Formadores”.

Se llama grupo “intelectual” al formado por 10 personas como máximo. Estos grupos están más predispuestos a razonar, pensar y su psicología grupal se moverá  más en el área lógica del pensamiento; de ahí, que los estudiosos en comportamiento de grupos los hayan llamado “grupo intelectual”. El diseño de las dinámicas que el profesor debe aplicar serán pues concebidas teniendo como base este dato.

Por el contrario, los grupos cuyo número de participantes superan los 10-12 personas en adelante se llaman “grupos afectivos” y están predispuestos a “sentir”. Su conducta grupal así como su predisposición al aprendizaje se sitúa en el área emocional del neocortex. Este hecho resulta de capital importancia para un buen profesor, dado que su diseño formativo tiene que incluir también “juegos” y no sólo los consabidos test y ejercicios lógicos.

Ahora bien, ¿cómo innovar? Muchos profesores por falta de tiempo y creatividad terminan usando juegos y dinámicas que los participantes ya han visto en algún otro seminario. Los grupos no perdonan este hecho. Precisamente por ello, hoy es más importante que nunca formarse en técnicas de creatividad  aplicadas al diseño de nuevas dinámicas.

El curso “Dinámicas de Grupo para Formadores”, que próximamente se imparte en la Cámara de Zaragoza, proporciona las claves para innovar y seguir siendo un buen profesor con habilidades de entrenador al servicio del aprendizaje con grupos. Os esperamos.

Silvia Elena García García

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