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Sostenibilidad para la industria agroalimentaria: un ciclo impulsado por Rogar en torno a los desafíos del sector

Sostenibilidad para la industria agroalimentaria: un ciclo impulsado por Rogar en torno a los desafíos del sector
  • El primer encuentro giró en torno al desperdicio alimentario

El área de Sostenibilidad de la Cámara de Comercio de Zaragoza, en colaboración con Rogar, ha puesto en marcha un nuevo ciclo de jornadas centrado en ofrecer a las empresas herramientas prácticas para adaptarse a los principales retos normativos y estratégicos en materia de sostenibilidad.

La primera sesión reunió, en las instalaciones de ROGAR en Villanueva de Gállego, a profesionales y empresas interesadas en conocer las implicaciones de la nueva legislación sobre prevención del desperdicio alimentario y cómo convertir su cumplimiento en una oportunidad para mejorar la competitividad.

Ser conocedor y saber poner remedio al desperdicio alimentario en la empresa

Protagonizado por Pilar Faustino, experta en seguridad alimentaria, en este primer encuentro del ciclo se analizó el alcance de la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, una normativa que introduce nuevas obligaciones para buena parte de la cadena alimentaria.

Faustino explicó cómo esta regulación afecta a productores, industria alimentaria, distribución, comercio minorista, hostelería, restauración y comedores colectivos, estableciendo la necesidad de implantar medidas específicas para prevenir y gestionar los excedentes alimentarios.

Uno de los aspectos centrales de esta primera sesión fue el Plan de Prevención de la Pérdida y el Desperdicio Alimentario, principal herramienta que contempla la nueva ley. Este plan tiene como objetivo reducir las pérdidas en todas las fases de la cadena alimentaria, fomentar el aprovechamiento de los excedentes y promover un uso más eficiente de los recursos. Además del cumplimiento normativo, su implantación supone importantes ventajas para las organizaciones, al generar beneficios ambientales, económicos y sociales mediante la reducción de residuos, la optimización de costes y una gestión más responsable de los recursos.

Durante la sesión también se abordó la metodología recomendada para elaborar este plan. El proceso comienza con la identificación de los puntos donde se producen las pérdidas y desperdicios, así como de las causas que los originan. Posteriormente, resulta necesario cuantificar estos excedentes mediante sistemas de seguimiento e indicadores que permitan conocer el volumen real del desperdicio. A partir de este diagnóstico, las empresas pueden fijar objetivos de reducción y desarrollar acciones concretas como mejorar la planificación de compras, optimizar procesos internos, formar al personal o impulsar acciones de sensibilización dirigidas tanto a trabajadores como a consumidores.

La jerarquía de prioridades que establece la legislación para la gestión de los excedentes alimentarios también es otro punto de interés. En este sentido, la prevención representa siempre la primera opción. Cuando esta no sea posible, debe priorizarse la donación para consumo humano, seguida de otros usos como la alimentación animal o la valorización industrial y energética, dejando la eliminación como residuo únicamente como última alternativa.

Más allá de los aspectos legales, Faustino compartió también ejemplos reales de empresas que ya están implantando medidas para reducir el desperdicio alimentario, demostrando que una gestión eficiente de los excedentes no solo contribuye a minimizar el impacto ambiental, sino que también mejora la eficiencia operativa y refuerza la competitividad empresarial.