Cultivar tomates en un invernadero no es tan fácil como pudiera parecer. La ausencia de viento hace que la planta no se cimbree, y, por tanto no es capaz de esparcir el polen hacia otras flores.
¿Cómo solucionar esto? Por medios mecánicos resultaría demasiado caro y, por lo tanto, ineficiente, poco rentable.
Lo mejor, y más barato, es recurrir a la madre naturaleza: los agricultores saben que a los abejorros de tierra les chifla polinizar las tomateras, afición no compartida por las selectivas y golosas abejas, que desprecian la flor del tomate por carecer de suficiente néctar.
Una empresa española se dedica a producir colonias de abejorros para uso comercial. Sus exportaciones se centran en países mediterráneos, como Marruecos, Túnez y Egipto, donde el Bombus Terrestris zumba alegremente entres las plantaciones polinizando a diestro y siniestro; contribuyendo, de este modo, a producir tomates que luego competirán con los españoles en los mercados internacionales. Paradojas de la exportación.
Fuente: Exportaciones Insólitas edición 2007