Los principales actores para la recuperación económica mundial son, primordialmente según la UNCTAD, los países emergentes; en especial los estados miembros de Asia y América Latina.
Ambos territorios han logrado evitar grandes déficits externos y han acumulado, en la mayoría de los países, considerables reservas internacionales antes de la crisis, conteniendo el aumento del desempleo durante la crisis y han ganado una rápida recuperación de la demanda interna.
La recuperación de las economías en transición de Europa central y oriental ha sido débil. Muchas de estas economías tenían enormes déficits por cuenta corriente y dependían en gran medida de las entradas netas de capital. Los efectos adversos directos de la crisis se vieron exacerbados porque respondieron a ella con políticas macroeconómicas restrictivas.
La recuperación también es insatisfactoria en los países desarrollados y tiene similitudes con el aumento del comercio mundial y de los desequilibrios por cuenta corriente que precedió a la crisis. En los Estados Unidos, la demanda interna se ha acelerado más rápidamente que en los países que registran mayor superávit en sus cuentas corrientes, el Japón y Alemania, en los que la recuperación depende en gran medida de las exportaciones. Asimismo, problemas de la deuda de origen interno han convertido a Europa en el centro de la crisis y en una región rezagada en la recuperación.
Los países africanos se han visto directamente menos afectados por la crisis debido a que estaban mucho menos integrados en los mercados financieros internacionales.