Madrid, 11/04/08. El Índice de Precios al Consumo de marzo ha registrado un incremento mensual de nueve décimas, superior al de los últimos años, por el impacto de la Semana Santa en los precios del turismo y la hostelería, así como por el comienzo de la temporada de primavera en ropa y calzado. Desde el análisis interanual, se mantienen los factores desencadenantes de un nivel de inflación que no se observaba desde 1995 y que sitúa la tasa interanual en el 4,5%. Éstos siguen siendo los alimentos, tanto elaborados como no elaborados, y los precios de los productos energéticos. Para el Servicio de Estudios del Consejo Superior de Cámaras, aunque los factores de riesgo (alimentos y energía) seguirán manteniéndose al alza, la inflación podría haber tocado techo en el mes de marzo y comenzará a moderarse paulatinamente a partir del segundo trimestre, para cerrar en diciembre con la tasa interanual en el entorno del 3%.
Siempre que los precios del petróleo en los mercados internacionales y las rigideces en los precios de los alimentos lo permitan, diversos factores apuntan a una moderación de las tasas de crecimiento de los precios desde el nivel actual. Para el Servicio de Estudios esta afirmación se apoya en la menor presión sobre la inflación que se da en dos componentes fundamentales: una inflación subyacente por debajo del índice general y unas perspectivas de ralentización económica, principalmente del consumo, que contendrán la tensión sobre el IPC.
Para las Cámaras, a pesar de que las perspectivas son de moderación, los actuales niveles de precios son perjudiciales en el medio y largo plazo y el diferencial de precios con la zona euro no consigue reducirse (se mantiene en el 1,1%). Por ello, demandan del nuevo gobierno medidas consensuadas con los agentes económicos, que permitan introducir mayores dosis de competencia y transparencia en los mercados internos, especialmente de productos básicos e infraestructuras generales. Asimismo, piden una regulación más eficaz y menores trabas administrativas, que permitan un funcionamiento empresarial y del mercado de trabajo más fluido. Una mejora de la estructura energética de nuestra actividad industrial y empresarial, favorecería la reducción de nuestra dependencia a productos energéticos externos sujetos a elevadas volatilidades, tal y como se refiere en el documento de las Propuestas de las Cámaras a los Partidos Políticos.