nº 68, del 15 al 21 de febrero de 2010
Toma nota  
Sal con oro, sal con plata, sal de colores, sal para ensalada, sal para pescado, sal para chocolate. La sal del Delta del Ebro pasada por el tamiz de la imaginación.

La sal como un elemento que trasciende el saborizante y que se trueca en herencias culinarias tradicionales y también en vanguardias y en extravagancias que mezclan las escamas de sal marina con oro de 23 kilates y plata.

Es otra forma de hacer de los platos algo más y de aportar fantasía a cada ocasión. Algunos lo verán como un exceso, otros como una frivolidad, y otros como una idea genial, pero esta sal del Ebro está ya en las manos de cocineros europeos que buscan lo extraordinario, la sorpresa, el nuevo rumbo de lo comestible, esa impronta final para sus platos en la que convivan los detalles de un sofisticado festín con las enseñanzas, especias y aliños que llevan siglos saliendo de la tierra.

Allí donde haya gente dispuesta a experimentar con sabores, formas, colores y texturas, hay una posible puerta de entrada para esta sal con la que hacer de la comida una novedosa experiencia sensorial.

Las sales de Carolingia se exportan ya a Portugal y Francia, y confían en acceder a otros mercados este año.

Fuente ICEX