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NET: Boletín Internacional de las Cámaras de Comercio de Aragón

nº 202, del 14 al 20 de enero de 2013
Toma nota  

Es más necesario que nunca conseguir que más empresarios decidan integrar creatividad, innovación e internacionalización en su estrategia empresarial. La decisión reside en los propios empresarios y directivos.

Según el Eurobarómetro de 2010, solo un 15% de los españoles está totalmente de acuerdo con la afirmación “soy una persona creativa”, frente al 34% de los británicos o el 51% de los estadounidenses. Con este porcentaje no solo estamos hablando de pocos ciudadanos que se consideran creativos, hablamos de pocos innovadores: emprendedores, ingenieros, científicos, diseñadores.

Por esta razón, es necesario un cambio de mentalidad que debe comenzar en uno mismo, a partir de su propio entorno, y a través de la interacción con innovadores del mismo sector a nivel local y global.

La innovación influye en la internacionalización en el momento en que queremos que nuestra empresa acceda a un mercado exigente y posicionarnos como marca de calidad. Las empresas que han tenido experiencias de éxito recomiendan sin duda alguna tener sensibilidad hacia los mercados y las nuevas tendencias, creatividad y escuchar atentamente que está demandando ese mercado.

 Asimismo, es importante generar confianza y seriedad, y conjugar la tradición y la experiencia con la modernidad.

Por otra parte, la inquietud por innovar e internacionalizarse no surge en el emprendedor de forma gradual, como podía ocurrir antes. Ahora forma parte del ADN de la empresa y está presente desde su nacimiento. La creciente globalización, en la que predominan una mayor liberalización de los mercados y unos ciclos de vida más vertiginosos -y breves- de productos, está originando cambios, y nos encontramos con un número creciente de compañías que ya facturan en el exterior en sus tres o cuatro años iniciales de existencia.

En estos casos, las características personales del emprendedor son la fuerza motriz principal que conduce a la empresa hacia la internacionalización temprana; personas con seguridad en que su producto o servicio puede pelear en mercados globales, con la capacidad de generar nuevas ideas, detectando problemas comunes en distintos mercados y un alto grado de autoconfianza para desenvolverse en un ámbito internacional.
 
Queda patente entonces, que sin creatividad e innovación, un proceso de internacionalización puede llevarnos a resultados distintos de los esperados.

Fuente: El exportador, nº 166

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