Es más necesario que nunca conseguir que más empresarios decidan integrar creatividad, innovación e internacionalización en su estrategia empresarial. La decisión reside en los propios empresarios y directivos.
Según el Eurobarómetro de 2010, solo un 15% de los españoles está totalmente de acuerdo con la afirmación “soy una persona creativa”, frente al 34% de los británicos o el 51% de los estadounidenses. Con este porcentaje no solo estamos hablando de pocos ciudadanos que se consideran creativos, hablamos de pocos innovadores: emprendedores, ingenieros, científicos, diseñadores.
Por esta razón, es necesario un cambio de mentalidad que debe comenzar en uno mismo, a partir de su propio entorno, y a través de la interacción con innovadores del mismo sector a nivel local y global.
La innovación influye en la internacionalización en el momento en que queremos que nuestra empresa acceda a un mercado exigente y posicionarnos como marca de calidad. Las empresas que han tenido experiencias de éxito recomiendan sin duda alguna tener sensibilidad hacia los mercados y las nuevas tendencias, creatividad y escuchar atentamente que está demandando ese mercado.
Asimismo, es importante generar confianza y seriedad, y conjugar la tradición y la experiencia con la modernidad.
Por otra parte, la inquietud por innovar e internacionalizarse no surge en el emprendedor de forma gradual, como podía ocurrir antes. Ahora forma parte del ADN de la empresa y está presente desde su nacimiento. La creciente globalización, en la que predominan una mayor liberalización de los mercados y unos ciclos de vida más vertiginosos -y breves- de productos, está originando cambios, y nos encontramos con un número creciente de compañías que ya facturan en el exterior en sus tres o cuatro años iniciales de existencia.
En estos casos, las características personales del emprendedor son la fuerza motriz principal que conduce a la empresa hacia la internacionalización temprana; personas con seguridad en que su producto o servicio puede pelear en mercados globales, con la capacidad de generar nuevas ideas, detectando problemas comunes en distintos mercados y un alto grado de autoconfianza para desenvolverse en un ámbito internacional.
Queda patente entonces, que sin creatividad e innovación, un proceso de internacionalización puede llevarnos a resultados distintos de los esperados.
Fuente: El exportador, nº 166